Una polémica campaña del Reino Unido promueve el cigarrillo electrónico para dejar de fumar

cigarrillo electrónico

La Organización Mundial de la Salud ha pedido prudencia en la utilización de los cigarrillos electrónicos porque no se conocen sus efectos a largo plazo

Las autoridades sanitarias del Reino Unido han lanzado una polémica campaña para dejar de fumar que ha dejado perplejos a muchos expertos de la lucha contra el tabaco de Europa.

La idea de partida no era mala: aprovechar los últimos días del año para animar a los fumadores a dejar ese hábito tan nocivo como un propósito del nuevo año. El problema es que la campaña anima a hacerlo con la ayuda del cigarrillo electrónico, un dispositivo con nicotina y mucho más que vapor de agua al que la Organización Mundial de la Salud y la gran mayoría de los expertos antitabaco miran con recelo.

La campaña la firma la Agencia Inglesa de Salud Pública (PHE, en su acrónimo en inglés) y sus mensajes, en los que no se duda de calificar como «falsos miedos» explicativo que también ha levantado ampollas. El vídeo, colgado en internet, muestra un experimento muy básico con el que se intenta demostrar la inocuidad del vapeo, la utilización del dispositivo.

Experimento «tramposo»

Dos personas con bata blanca presentan tres urnas de cristal rellenas de inmaculadas bolas de algodón. A una de ellas se les empieza a echar el humo de un cigarrillo convencional, a la segunda el vapor del cigarrillo electrónico y a la última aire puro. Como era de esperar, los algodones de la urna de cristal después de recibir el humo de dos paquetes de cigarrillos acaban teñidos de un color marrón y con restos de alquitrán pegajoso. Los del recipiente del cigarrillo electrónico siguen blancos aunque húmedos por el vapor que emanaban y el tercero sin ninguna modificación, tal y como empezaron. Con esta escenificación, la agencia inglesa pretende demostrar que los pulmones de un vapeador (consumidor de cigarrillo electrónico) estarán tan a salvo como los algodones de la urna y más protegidos que si fumaran tabaco de combustión convencional.

Pero el experimento no convence a muchos. «El vídeo solo tiene el rigor de un programa de entretenimiento de televisión. Es un experimento tramposo y simplón», se queja Esteve Fernández, epidemiólogo y director de la Unidad de Control del Tabaco del Instituto Catalán de Oncología. Y argumenta: «No basta con fijarse en el color del algodón porque sabemos que el humo que desprende el cigarrillo electrónico no es solo vapor de agua. Contiene compuestos volátiles orgánicos, metales pesados y nicotina; no se ven pero no son inocuos y pueden ser cancerígenos y peligrosos para el corazón. Eso a simple vista no se ve, pero hallaríamos estas sustancias peligrosas si sometiéramos los algodones al análisis de un espectómetro de masas».

Tampoco convence otro de los mensajes que lanza la Agencia Inglesa de Salud Pública. Vapear, sostienen, es hasta un 95 por ciento menos peligroso que el tabaco. «Ese dato se basa en un estudio bastante sesgado denunciado por la revista médica British Medical Journal porque los autores tenían conflictos de interés con la industria de los cigarrillos electrónicos», recuerda el epidemiólogo.

Reducción de daños

A los expertos en tabaquismo les preocupa que Inglaterra recomiende vapear masivamente pensando en una reducción de daños. «Se traslada un mensaje peligroso: cambiemos el cigarrillo por el electrónico, como si fuera algo inofensivo. Cuando a largo plazo puede elevar el riesgo de infarto, cáncer o enfermedad pulmonar crónica. Lo que sí sabemos que es bueno es dejar de fumar», asegura Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la red europea para la prevención del tabaquismo.

Productos testados

Y si no se consigue solo con voluntad hay otras ayudas farmacológicas (chicles o parches de nicotina, vareniclina..), terapia psicológica.. «Estos productos a diferencia del cigarrillo electrónico están testados y no producen ni cáncer, ni enfermedad cardiovascular o pulmonar», apunta este especialista.

Incluso el cigarrillo electrónico puede convertirse en una herramienta más si se utiliza con vigilancia médica y se reserva para las personas que durante muchos intentos son incapaces de abandonar su adicción.«La clave es que no se considere un producto inocuo», insiste. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha pedido prudencia en la utilización masiva de los dispositivos electrónicos porque se desconocen sus efectos alargo plazo.

La PHE, el organismo sanitario inglés que ha puesto en marcha la campaña, lo ve de otra manera: «Sería trágico que miles de fumadores no utilizaran el cigarrillo electrónico por falsos miedos», señalaba uno de sus responsables, el profesor John Newton.

«Entre los que nos dedicamos al tabaquismo estamos perplejos con esta campaña», reconocía el epidemiólogo Esteve Fernández. Este especialista tampoco se niega a recurrir al e-cigarrillo en su consulta en ciertos casos. «Otra cosa es empujar a un 20-30% de la población fumadora con algo que no sabemos cómo va a funcionar. Tardamos 20 años en demostrar la toxicidad del tabaco», recuerda.

Fumadores duales

Para arrojar luz sobre la toxicidad de los e-cigarrillos, el NIH (Institutos de Salud de Estados Unidos) ha patrocinado un estudio con más de 5.000 personas, entre los que había no fumadores, fumadores de tabaco, vapeadores y lo que se denomina en el argot científico fumadores duales, que son los que combinan cigarrillos convencionales con los electrónicos. Se midió la exposición a 50 productos químicos, entre los que había carcinógenos, nicotina y metales pesados, entre otras sustancias. Las toxinas presentes en los usuarios de dispositivos electrónicos fueron menores que en las de los fumadores, aunque también fueron mayores que en las personas que no usaron ningún producto, como se esperaba.

El hallazgo más interesante y preocupante, señalan los autores del estudio, es que los niveles de estos productos químicos eran más altos en los fumadores duales. El dato preocupa porque el 76% de los usuarios de cigarrillos electrónicos fumaban los dos productos al mismo tiempo.