Más presión sobre Sanidad y Hacienda para que el precio del tabaco suba a 10 €

cigarrillos

Aumentar un 10% el coste conlleva una caída del 10% de fumadores adolescentes

Es una realidad incontestable. Se está perdiendo la batalla contra el consumo de tabaco, una guerra que se inició en el 2005, prosiguió en el 2010 con buenos resultados tras la prohibición de fumar en cualquier espacio cerrado y que liberó de humos los locales y ayudó a miles de ciudadanos a dejar el tabaco.

Pero la falta de apoyo de la administración sanitaria para mantener la concienciación en que el tabaco es uno de los problemas más graves de salud pública actuales, unido a la dejadez de las autonomías a la hora de vigilar que la ley se cumpla, ha supuesto una marcha atrás en esta guerra que cada año se lleva por delante la vida de 52.000 personas, 3.000 de ellas fumadores pasivos (no consumen tabaco, pero inhalan el humo).

Ahora, las propuestas de Catalunya de dar un paso adelante han vuelto a poner encima de la mesa la necesidad de adoptar medidas. Pero, ¿cuáles?

Salut querría prohibir fumar en las terrazas y en todo lugar abierto donde cualquiera se vea obligado a respirar el humo del tabaco de otro, entre ellos, las marquesinas de los autobuses y en los apeaderos de los trenes. Aunque la reacción de los restauradores, les ha llevado a dejar en estudio estas medidas y centrarse en que se suba el precio del tabaco (competencia del Gobierno). Actualmente ronda los 5 euros y piden duplicarlo.

De esta manera, Catalunya recupera lo que desde meses llevan pidiendo los expertos en salud pública y decenas de sociedades científicas. Estos apuestan, por encima de cualquier otra medida, por una subida importante del precio del tabaco, tanto el industrial como el de liar. Aseguran que incrementar el precio del paquete a 10 euros es el instrumento más contundente para reducir de manera drástica el consumo de tabaco. Más, incluso, que ampliar los espacios donde se prohíbe fumar. Eso, afirman, sería adecuado en una segunda etapa.

Así lo plasmaron el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT) y los consejos generales de todas las profesiones sanitarias (médicos, enfermeros, dentistas, farmacéuticos y psicólogos), además de 60 sociedades científicas y varias asociaciones de pacientes, en la llamada Declaración de Madrid del 2018, que en noviembre fue presentada en el Parlamento Europeo.

Allí pidieron alto y claro que se incremente de manera brusca el precio de las cajetillas y “de cualquier producto que lleve nicotina”, al considerar que es la medida más eficaz para luchar contra el tabaquismo, especialmente entre los más jóvenes. Esa subida debería alcanzar los 10 euros por cajetilla de manera progresiva. El modelo a ­seguir es el que ha puesto en marcha Francia y que se implementa en dos etapas: una primera (actual) de aumento del precio a 8 euros y, ­antes del 2020, a 10 euros. La respuesta inmediata ha sido que más de un millón de fumadores fran­ceses han dejado este hábito adic­tivo. Australia ha subido el precio a 20 euros. En Reino Unido es difícil encontrar un paquete que cueste menos de 10 euros.

Numerosos estudios científicos han demostrado que incrementar un 10% el coste lleva aparejado una caída del número de fumadores adultos de un 3,7% (casi un 10% en adolescentes y jóvenes), explica Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la European Network for Smoking and Tobacco Prevention (ENSP).

La decisión depende del Ministerio de Hacienda, actualmente en manos de una médico, María José Montero, quien en declaraciones a La Vanguardia hace unos meses descartó subir la fiscalidad al tabaco, aunque sin descartar hacerlo “más adelante”. De hecho, no figuraba en su propuesta de presupuestos para el 2019 (sí la subida de otros, pero no la del tabaco).

Desde Sanidad, por su parte, cree que lo más importante ahora es hacer cumplir la ley del 2010, “una de las más avanzadas de Europa”. La ministra en funciones, Luisa Carcedo, reconoce que se está incumpliendo en las terrazas, que se cubren casi totalmente y se deja fumar, e insiste en la necesidad de aumentar las inspecciones (competencia autonómica). No descarta, sin embargo, ampliar los espacios sin humo a las playas, marquesinas de autobuses e incluso vehículos donde viajen niños. Pero en un futuro que no suena inmediato.

Y mientras se debate qué hacer con el tabaco, los cigarrillos electrónicos (que también llevan nicotina) se han introducido en el mercado español captando a miles de menores. “Tenemos un problema muy serio y los políticos miran a otro lado”, dice Rodríguez Lozano.

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Fuente Original: laVanguardia