Los sanitarios defienden la financiación de la Vareniciclina, pero piden subir el precio del tabaco a 10 euros

mujer rompiendo cigarrillos

Los profesionales sanitarios llevan años pidiendo que se financien los tratamientos para ayudar a dejar de fumar y, al fin, lo han logrado.

España entrará en el 2020 con un medicamento para la deshabituación tabáquica (Vareniciclina, comercializado como Champix ) en la lista de fármacos financiados por la Seguridad Social. El paso dado, aseguran desde el Comité Nacional para la Prevención del Tabaco (CNPT), que aglutina a varias decenas de sociedades científicas y médicas, entre otros, es “un hito” en la manera de entender cómo una adicción que mata cada año a más de 50.000 personas y que tiene un coste multimillonario al erario público, deja de ser considera como un vicio para ser entendida como una enfermedad.

La Vareniciclina es, según los expertos, el fármaco que más garantías ofrece para la deshabituación tabáquica. Así lo indican numerosos estudios (el último, de hace unos meses, en el Reino Unido) que señala que las probabilidades de éxito triplican al de otros medicamentos diseñados para el mismo fin. En España, también se ha constatado su efectividad. Lo ha hecho el servicio de salud navarro, que lleva más de dos años dispensándolo, frente a otros como el Bupropión o los parches o chicles de nicotina. Al año, más del 40% de los pacientes que había recibido este tratamiento había acabado con el hábito tabáquico (la adicción a la nicotina es de las más fuertes, señala Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la Red Europea para el Fin del Tabaco (ENSP), y las recaídas forman parte del proceso de deshabituación). “El tabaquismo es una enfermedad adictiva crónica “, insiste Rodríguez Lozano.

No se sabe aún con certeza a quiénes se recetará la Vareniciclina, aunque por las características del fármaco se aconseja a pacientes con un consumo de tabaco de hace años e incluso décadas, que fumen mucho (más de diez cigarrillos) y que tengan una adicción más que notable (algo que se comprueba sabiendo, por ejemplo, cuándo se fuma el primer cigarrillo de la mañana).

El tratamiento es de doce semanas (24 en el caso de que se deje de fumar de manera escalonada) y el coste ronda los 400 euros. Serán los médicos de familia quienes evalúen al paciente y los que dedican quiénes pueden recibirlo, ya que como todo fármaco tiene efectos adversos (especial cuidado con los pacientes con antecedentes de enfermedad psiquiátrica). El médico de familia será el que haga un seguimiento del paciente, realizando con él una intervención que le ayude a cambiar hábitos que él asocia a consumir un cigarrillo.

Las críticas a la decisión del Ministerio de Sanidad no se han hecho esperar por parte de algunos ciudadanos, entre ellos, muchos exfumadores, que dejaron el cigarrillo por su propia voluntad, de un día para otro y sin que nadie le pagara nada. La comunidad sanitaria, sin embargo, cree que es imprescindible que se financien este tipo de tratamientos, algo que hacen la práctica totalidad de los países europeos cercanos. Primero, insisten, por el elevado coste que suponen las enfermedades que causa el consumo de tabaco al sistema público. Segundo, por cuestión de igualdad social. El hábito tabáquico está muy extendido en los sectores con menos recursos que no acceden a estos tratamientos que tienen un coste importante para ellos. El presidente de la Red Europea para el Fin del Tabaco (ENSP) insiste, además, en la necesidad de garantizar el éxito en la deshabituación, “muchos fumadores consiguen dejarlo unas semanas, unos meses…y recaen (la tasa de éxito sin ayuda se sitúa entorno al 10%). Con este tratamiento y el acompañamiento del médico, hay más probabilidades de éxito.

En cuanto al hecho de que los ciudadanos “colaboren” económicamente en el fin de un consumo al que uno se inició de manera voluntaria, miembros del CNPT recuerdan que ese argumento no se sostiene. Por esa regla de tres, señalan, no se deberían financiar los tratamientos contra la obesidad o la diabetes, en el caso de que esté vinculada a hábitos de vida poco saludables. “Y nadie se plantea eso”, señala Rodríguez Lozano.

Lo que sí está claro es que financiar la deshabituación no puede ser el fin de la lucha contra lo que los expertos califican como un grave problema de salud pública. Ayudar al adicto es una pata importante para ganar esa batalla, pero, insisten, hay que ir más allá. Y, sin dudarlo, la CNPT deja claro cuál creen que es la medida más efectiva, especialmente para evitar que los jóvenes fumen: subir el precio del tabaco (todos los productos que lleven nicotina) de manera brusca. Esa subida debería alcanzar los 10 euros por cajetilla de manera progresiva.

Así, España se sumaría al modelo puesto en marcha por Francia y que se implementa en dos etapas: una primera (actual) de aumento del precio a 8 euros y, antes del 2020, 10 euros. La respuesta inmediata ha sido que más de un millón de fumadores franceses han dejado este hábito adictivo. Australia también ha subido el precio a 20 euros. Numerosos estudios científicos han demostrado que incrementar un 10% el coste del tabaco lleva aparejado una caída del número de fumadores adultos de un 3,7% (casi un 10% en adolescentes y jóvenes).

Como la propia ministra Luisa Carcedo ha reconocido, la ley del 2010 ha perdido fuerza en la lucha contra el tabaco. La relajación ciudadana y la falta de inspecciones han hecho que, por ejemplo, se fume en espacios donde, por ley, no se permite, como son las terrazas semicerradas. Catalunya ya ha anunciado que estudia prohibir fumar en estos espacios e incluso en las marquesinas de los autobuses, alegando que son espacios públicos. En la misma línea se ha manifestado ahora Carcedo (hasta ahora reacia a ampliar espacios donde prohibir fumar). Desde la CNPT, la Organización Médica Colegial y la ENSP se pide endurecer la ley y prohibir fumar además de en las terrazas y en las marquesinas de autobuses, en el interior de los vehículos, los estadios deportivos, playas y piscinas.

Lo que sí tienen claro los expertos es que, entre las medidas para acabar con el tabaco no se contempla el vapeo “como opción menos mala”, señala Rodríguez Lozano. No se conocen cuáles son realmente las consecuencias de su consumo a medio o largo plazo y, lo que sí se sabe, es que llevan nicotina, precisamente lo que genera la adicción.

Autora: Celeste López

Fuente Original: laVanguardia