La OMS investiga los posibles daños por el uso de cigarrillos electrónicos en la UE

cigarrillo electrónico

EE.UU. ha registrado ya 26 muertes y 1.300 pacientes con problemas pulmonares

La Organización Mundial de la Salud (OMS) sigue de cerca lo que está ocurriendo en Estados Unidos con el uso de los cigarrillos electrónicos. Según el Centro de Control de Enfermedades (CDC), a primeros de octubre se habían contabilizado 26 muertes asociadas al uso de estos dispositivos y casi 1.300 casos de pacientes con problemas pulmonares en 46 estados. Por ello, ha solicitado a la UE que informe si se han detectado casos de efectos adversos por esta causa en algún país europeo.

La ausencia de un centro de control europeo como el CDC impide a la UE controlar los posibles efectos adversos de los cigarrillos electrónicos, por lo que se ha requerido a los distintos países por esta información. En España la respuesta, que ha partido de la dirección de Salud Pública del Ministerio de Sanidad, ha sido negativa.

Los ojos de la OMS, sin embargo, están puestos en el Reino Unido, donde podría haber unos 200 casos relacionados con el consumo de estos dispositivos en los últimos años, según fuentes de este organismo internacional. La UE ha mostrado su preocupación por este dato ya que no ha sido notificado a las instancias europeas.

Estos casos, sin embargo, no tendrían relación con los detectados en EE.UU., ya que según las autoridades sanitarias parece que están relacionados con la adulteración de los líquidos para el vapeo, adquiridos en el mercado negro o en lugares no aptos para ello.

El interés por el Reino Unido por parte de los expertos se debe a la extensión del uso del cigarrillo electrónico, impulsado en buena parte por las autoridades sanitarias como método para dejar de fumar. “A diferencia de EE.UU., la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos de Salud del Reino Unido regula estrictamente la calidad y la seguridad de todos los productos de cigarrillos electrónicos y operan bajo el esquema de tarjeta amarilla (un registro de los efectos adversos de los medicamentos), alentando a los vapeadores a informar cualquier mala experiencia”, según explicó Martin Dockrell, jefe de Control de Tabaco de Public Health England a The Guardian .

Desde el Reino Unido se insiste en que el cigarrillo es un 95% menos perjudicial para la salud que los cigarrillos convencionales. Y se señala que el porcentaje de fumadores se ha ido reduciendo paulatinamente hasta el 15% actual, al mismo tiempo que se ha ido incrementando el uso del cigarrillo electrónico, según John Britton, presidente del Grupo de Tabaquismo del Real Colegio de Médicos del Reino Unido.

Pero estos datos son muy cuestionados por la Organización Mundial de la Salud que advierte que no hay datos de sus efectos adversos a medio y largo plazo. Porque, insisten, los aerosoles de los cigarrillos electrónicos contienen, además de nicotina, partículas ultrafinas que pueden inhalarse y llegar al fondo de los pulmones, potenciadores del sabor como el diacetilo, una sustancia química vinculada a una enfermedad grave de los pulmones, así como compuestos orgánicos volátiles y metales pesados como níquel, estaño y plomo.

El doctor Esteve Fernández, director de la Unidad de Control del Tabaco del Institut Català d’Oncologia, recuerda lo ocurrido con el tabaco convencional. “Hasta que pasaron décadas no se supo, porque la industria se encargó de ello, que está detrás de numerosos cánceres. Y podemos estar ante un caso similar, con el agravante que los principales consumidores son los jóvenes, e incluso adolescentes”.

El doctor Fernández es el coordinador del proyecto europeo TackSHS, en el que han participado 12 países y decenas de investigadores, trabajo que se ha centrado en evaluar la exposición al humo ambiental del tabaco de los fumadores pasivos. Y también, por primera vez, de los cigarrillos electrónicos.

“Hemos comprobado que, en contra de lo que indica la industria, el vapor de estos dispositivos electrónicos no es inocuo. Uno de cada seis europeos reconoce que está expuesto al humo ambiental y se ha comprobado que altera la función respiratoria del fumador pasivo e irrita los ojos, la nariz y también la garganta.

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Fuente Original: laVanguardia