El cigarrillo electrónico no ayuda a dejar de fumar

cigarrillo electrónico

Un estudio de la European Respiratory Society (ERS) niega que el uso de cigarrillo electrónico sea una buena estrategia de reducción de riesgo respecto al tabaco o una ayuda para dejar de fumar.

Desde la aparición del cigarrillo electrónico a mediados del 2000, se ha valorado el producto con cierta cautela y muchas reticencias por los profesionales de la salud ante la falta de evidencia sobre su eficacia y seguridad. Pero esta situación se sobresaltó con la reciente alerta en EEUU por algún caso, ya una epidemia de más de 300 personas afectadas, en los que usuarios de cigarrillo electrónico habían desarrollado una enfermedad extraña y potencialmente mortal.

Los pacientes eran mayoritariamente jóvenes sanos que presentaban dificultades severas para respirar, vómitos, fiebre y fatiga necesitando, algunos, respiración asistida. En lo que casi todos coincidían era en desconocer las sustancias reales que habían inhalado con su cigarrillo electrónico, ya que muchos lo habían comprado en la calle de forma irregular o lo habían mezclado con THC, el principal componente psicoactivo del cannabis.

Casualmente dicha crisis coincidió con un informe de la European Respiratory Society (ERS) en el que negaba que el uso de cigarrillo electrónico fuese una buena estrategia de reducción de riesgo respecto al tabaco o una ayuda para dejar de fumar.

En relación con si el cigarrillo electrónico es o no un producto de menos riesgo que el tabaco, se debe hacer un análisis poblacional más que individual, como veremos. Está claro que encontrar un producto de consumo con un riesgo similar al del tabaco, que mata a más de 56.000 personas al año en España, es realmente difícil, lo que no quiere decir que no importe dicho riesgo.

Clásicamente, una de las grandes líneas estrategias de marketing de la industria tabaquera ha sido crear la ilusión de la fabricación de productos bien diseñados, modernos y, cada vez, menos nocivos.

Entre 1910 y 1920 las principales compañías tabaqueras introdujeron el concepto de tabaco “natural” con “menos irritantes”, usando incluso la imagen de médicos fumadores. Siguieron, en 1960, con la gran revolución que supuso el uso del filtro, un añadido que presuntamente reducía las sustancias nocivas ingeridas pero que en realidad estaba diseñado para crear más adicción ya que facilita la absorción de nicotina. Ya en 1970 se introdujeron los bajos en nicotina y, más recientemente, el tabaco sin aditivos, principalmente el de liar. Todas estas etapas desembocan en el tabaco sin combustión y los cigarrillos electrónicos, mostrados como ultramodernos cuando el primero ya se comercializaba en 1980 y el segundo desde mediados del 2000.

La entrada de la industria tabaquera en el mercado de los cigarrillos electrónicos no tiene por objetivo ayudar a sus clientes a usar productos menos nocivos o a que abandonen el tabaco sino conseguir retrasar al máximo cualquier intento de abandono, alargando así la vida útil de un consumidor de tabaco, a la vez que captar nuevos clientes los mercados ya saturados.

Así lo vemos en el análisis de la ERS o el realizado por S. Glantz, uno de los investigadores más respetados del campo del tabaco, y D. Bareham en 2018 donde encontraron que en 14 de 15 estudios el 60-90% de los usuarios del cigarrillo electrónico continuaban fumando, con lo que no se reducía el riesgo ya que no había un cambio real de fumar a vapear sino un uso dual, con lo que quizás incluso se aumente dicho riesgo con otras sustancias que anteriormente no se consumían. Además, la mayoría de usuarios de cigarrillo electrónico lo utilizaban recreacionalmente en entornos donde estaba prohibido fumar, sin dejar el tabaco.

Poder consumir nicotina en diferentes entornos, más que ayudar o motivar a los fumadores a pasarse a los cigarrillos electrónicos o dejar de fumar, reduce los niveles de abandono del tabaco. Por tanto, el cigarrillo electrónico está contribuyendo a aumentar la epidemia del tabaco, atrayendo a fumadores que quieren dejar de fumar pero reduciendo la probabilidad de que lo consigan.

Es decir, el cigarrillo electrónico no es una puerta de salida del tabaco sino claramente de mantenimiento y de entrada. De hecho, en el Reino Unido con más de 6 millones de usuarios de cigarrillo electrónico, no se ha visto una reducción significativa del número de fumadores. Por otra parte, los jóvenes usuarios de cigarrillos electrónicos desarrollan adicción a la nicotina lo que les facilita el inicio en el consumo de tabaco, según diferentes estudios. Esta realidad es muy preocupante ya que en 2014 en EEUU se registraron más jóvenes vapeadores que fumadores.

En definitiva, los cigarrillos electrónicos son la adaptación de la industria del tabaco a la reducción de fumadores y a la regulación de espacios sin humo, entorpeciendo el abandono, favoreciendo el inicio y llevando la nicotina a espacios donde ya no estaba.

Autor: Antoni Baena. Profesor de la UOC e investigador de la Unidad de Control del Tabaco del ICO.

Fuente Original: elPeriodico