Este sitio web está dirigido exclusivamente al profesional sanitario facultado para prescribir o dispensar medicamentos en España - Última actualización 03/2021

Editorial

El cigarrillo electrónico: ¿fumas o «vapeas»?

El cigarrillo electrónico

Fumar es un término universalmente conocido que traduce el hecho de inhalar el humo que se produce como consecuencia de la combustión de una sustancia, principalmente el tabaco. En los tres últimos años se ha introducido en nuestro lenguaje coloquial el anglicismo vaping, que se ha traducido por «vapeo/vapear», concepto que se define como el acto de inhalar vapor producido por el cigarrillo electrónico (e-cigar).

La pregunta que titula esta sección probablemente se generalice (y «normalice») en los próximos años, y no solo desde el punto de vista del lenguaje social, sino que también deberemos considerar su inclusión en la historia clínica de nuestros pacientes. Esta pregunta es la consecuencia de la frecuente y progresiva utilización del e-cigar.

El primer cigarrillo electrónico lo inventó un americano llamado Herbert A. Gilbert en 1963, quien lo definió como «un cigarrillo sin tabaco y sin humo que tiene como objeto proporcionar un método de fumar no perjudicial, por la sustitución de la quema del tabaco y papel por aire caliente, húmedo y con sabor». El Sr. Gilbert registró su patente, pero su «artilugio» nunca se comercializó y fue el farmacéutico chino Hon Lik quien consiguió patentarlo en el año 2003.

El e-cigar es un dispositivo constituido por tres elementos: la batería, el atomizador y el cartucho. Estos tres elementos se ensamblan unos con otros; su apariencia externa y su diseño han evolucionado tanto que actualmente podemos hablar del desarrollo de tres generaciones desde el inicio de su comercialización.

El cartucho está cargado con líquido que puede contener diferentes sustancias, fundamentalmente etilenglicol, glicerina y, en ocasiones, nicotina. Cuando el sujeto «vapea» y la batería entra en funcionamiento, el líquido introducido en el atomizador se convierte en vapor (tras alcanzar unas temperaturas de combustión entre 400 y 600 °C), que es inhalado por el consumidor.

Un problema a considerar inicialmente deriva de los resultados disponibles de los estudios epidemiológicos que se han desarrollado para conocer la prevalencia y el perfil de los consumidores de este nuevo producto: los e-cigar son utilizados principalmente por fumadores que quieren dejar de serlo, por fumadores que quieren reducir el consumo de tabaco o por exfumadores.

No obstante, algunas encuestas han mostrado que un pequeño número de no fumadores utiliza también estos productos. En España, actualmente no disponemos de estudios fiables procedentes de encuestas representativas que muestren datos sobre la prevalencia del consumo de e-cigar. El número de consumidores de este producto se multiplica día a día y las ventas de las empresas que los comercializan aumentan de año en año. El uso de los e-cigar está en pleno debate social y científico, principalmente en lo referido a tres aspectos fundamentales:

a ) seguridad, es decir, su inocuidad o los riesgos que a la salud de sus consumidores ocasione, b) su eficacia como dispositivo de ayuda para dejar de fumar y c) la regulación que debería controlar su comercialización y uso.

Seguridad

La inocuidad o seguridad de este producto está en función de los componentes o sustancias químicas que:

a) están contenidas en el líquido con el que se carga el e-cigar.

b) se producen como consecuencia del calentamiento de dicho líquido y que son vehiculadas a través del vapor que emite el e-cigar.

El líquido con el que se cargan los e-cigar contiene las siguientes sustancias: propilenglicol, glicerina, nicotina (en cantidades que oscilan entre 0 y 36 mg), saborizantes (tabaco, menta, frutas, canela, etc.) y otros aditivos. Existen estudios que ponen en entredicho la seguridad del propilenglicol, la glicerina y la nicotina y hablan de riesgos para la salud ante su consumo. Entre las sustancias que se han detectado en el vapor de los e-cigar destacan las siguientes: formaldehído, acetaldehído y acroleínas, aunque en menor cantidad que en el humo de los cigarrillos. Por otro lado, metales como níquel, cromo y plomo han sido encontrados en el vapor de los e-cigar. La International Agency for Research on Cancer clasifica todas estas sustancias como carcinógenas sin determinar un umbral de seguridad para su consumo.

Eficacia

La eficacia de los e-cigar como tratamiento del tabaquismo ha sido evaluada por algunos estudios. Los resultados de todos estos estudios, aunque prometedores, no son concluyentes, su diseño metodológico es deficiente y la muestra de sujetos que en ellos se estudia es muy escasa.

Hasta el momento solo dos estudios aleatorizados y controlados con placebo se han realizado para evaluar la eficacia y seguridad de uso del e-cigar como tratamiento para dejar de fumar (estudios ECLAT y de Bullen); estos estudios tienen deficiencias metodológicas importantes, que hacen que sus conclusiones no puedan ser definitivas.

Regulación

Existen tres posibles categorías para la regulación del e-cigar: como producto medicinal o sanitario, como producto de tabaco o como bien de consumo.

La regulación de los e-cigar como un producto sanitario viene definida por dos razones fundamentales: por su presentación y por su función. La presentación habitual de los e-cigar es como productos que ayudan no solo a dejar de fumar, sino también a reducir el número de cigarrillos consumidos e, incluso, a aliviar los síntomas del síndrome de abstinencia. La presentación de e-cigar, que contiene nicotina (y en distintas cantidades), exige una regulación como medicamento. El pasado mes de octubre de 2013 la Eurocámara dio luz verde a una nueva directiva para la regularización de estos productos en Europa. De acuerdo a ella, los fabricantes de e-cigar tendrán que informar a las autoridades si se considera o no un producto medicinal. En el primer caso deberán justificar sus propiedades a las autoridades médicas, mientras que en el segundo serán sometidos a la legislación del tabaco comercial, con la prohibición de publicidad y de venta a los menores.

Los cigarrillos electrónicos que no aleguen poseer propiedades médicas no podrían exceder los 30 mg/l de nicotina. Asimismo, los fabricantes e importadores tendrán que proporcionar a las autoridades competentes una lista de todos los ingredientes que contienen.

En España, el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad ha anunciado que en breve regulará la utilización y venta de estos productos. En el momento actual, solo en Andalucía y en Cataluña se ha iniciado la regulación del consumo del e-cigar dentro del ámbito de sus competencias.

Finalmente, y haciendo referencia a un reciente documento-informe publicado por el Área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, SEPAR, es necesario y urgente que las autoridades sanitarias españolas regulen el e-cigar y sus accesorios como una medicación. De esta forma se controlaría el consumo indiscriminado del mismo que está ocurriendo en el momento actual, con el consiguiente peligro no solo para la salud pública, sino también para que los jóvenes se inicien en el consumo del tabaco a través de él y, además, se dañe el proceso de desnormalización del consumo de tabaco en lugares públicos que está teniendo lugar en la sociedad española debido a la buena implementación de la actual Ley reguladora del consumo del tabaco.

Además, la regulación de este dispositivo como una medicación contribuiría a que la producción y distribución de estos dispositivos se hiciera de acuerdo al cumplimiento de adecuados estándares de calidad y seguridad que faltan en este momento. Por otro lado, este tipo de regulación facilitaría la investigación científica y médica de estos dispositivos.
¿Fumas o «vapeas»? En cualquier caso, acude a los profesionales sanitarios, ya que ellos te van a informar, apoyar y ayudar con consejos y tratamientos farmacológicos que han demostrado eficacia y seguridad.

Bibliografía

1. Bullen C, Howe C, Laugesen M, McRobbie H, Parag V, Williman J, et al. Electronic cigarettes for smoking cessation: a randomised controlled trial. Lancet. 2013;382:1629-37.

2. Caponnetto P, Campagna D, Cibella F, Morjaria JB, Caruso M, Russo C, et al. Efficiency and Safety of an eLectronic cigAreTte (ECLAT) as tobacco cigarettes substitute: a prospective 12-month randomized control design study. PLoS One. 2013;8(6):e66317.

3. El cigarrillo electrónico. Declaración oficial de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) sobre la eficacia, seguridad y regulación. Arch Bronconeumol. 2014 (en prensa).

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