Este sitio web está dirigido exclusivamente al profesional sanitario facultado para prescribir o dispensar medicamentos en España - Última actualización 03/2021

Editorial

Ejercicio físico en tiempos de pandemia

La pandemia por la infección del coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave de tipo 2 (SARS-Cov-2; del inglés, severe acute respiratory syndrome coronavirus 2) es el acontecimiento más importante que ha marcado nuestro pasado reciente, por supuesto, nuestro presente y, probablemente, nuestro futuro, y no solo en términos de salud, sino en comportamientos sociales, con gran repercusión económica. Actualmente constituye nuestro principal problema de salud pública, con unas cifras de contagios, mortalidad y letalidad que han unido a los profesionales sanitarios para transmitir un mensaje claro a las administraciones sanitarias a favor de la priorización de las políticas de salud. En los últimos años, se ha generado una creciente evidencia que sustenta el importante papel del ejercicio físico —adecuadamente prescrito, asesorado y controlado por profesionales de la salud— como intervención preventiva y terapéutica1: enfermedades psiquiátricas, neurológicas, metabólicas, cardiovasculares, trastornos musculoesqueléticos y, por supuesto, enfermedades pulmonares2 (enfermedad pulmonar obstructiva crónica [EPOC], asma, fibrosis quística).

Entre las medidas preventivas en la lucha contra la enfermedad por el coronavirus de 2019 (COVID-19; del inglés, coronavirus disease 2019), se incluyen el distanciamiento o aislamiento social3. Paradójicamente, estas medidas protectoras favorecen la conducta sedentaria, reduciendo la actividad física regular, e incrementan el riesgo de padecer enfermedades (cardiovasculares) o de que empeoren las afecciones previas (respiratorias). En general, la inactividad física es una causa subestimada de casi todas las enfermedades, cuyo resultado aumenta la mortalidad y disminuye la salud4.

En lo que se refiere a los trastornos respiratorios, las guías nacionales e internacionales de diagnóstico y tratamiento de la EPOC introducen la actividad física y el ejercicio en el primer escalón de tratamiento y como parte integral de las intervenciones no farmacológicas, ya que se sabe que el entrenamiento de fuerza y aeróbico son eficaces para el fortalecimiento general de la musculatura inspiratoria y de las extremidades. Hasta hace unos años, se pensaba que, en las personas con enfermedades respiratorias crónicas (asma, EPOC, tuberculosis, enfisema, fibrosis pulmonar), la actividad física moderada podría contribuir a un agravamiento de los síntomas y al empeoramiento de su enfermedad, algo que desde el punto de vista científico ha quedado muy atrás, al conocer los resultados de múltiples estudios que avalan su prescripción y uso. Un aspecto preocupante, y derivado de los resultados obtenidos en estudios internacionales y en uno nacional recientemente publicado en pacientes con asma y EPOC (ACO; del inglés, asthma-COPD overlap)5, es la pobre adherencia y cumplimiento (alrededor del 30 %) de la prescripción de ejercicio.
Además, la pandemia también nos ha demostrado que la inactividad física y el sedentarismo han contribuido al empeoramiento de la disnea de nuestros pacientes, al deterioro de su calidad de vida y al incremento de la mortalidad por agravamiento de la comorbilidad (cardiovascular, principalmente).

La prescripción de ejercicio en tiempos de pandemia es necesaria para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes respiratorios, pero no debemos olvidar el efecto de la actividad física y el ejercicio sobre la salud mental, que va a contribuir a paliar las consecuencias del estrés psicosocial derivado, entre otros, del aislamiento social comentado. La recomendación del profesional deberá ir encaminada idealmente a una propuesta personalizada de ejercicio y, así, evitar sus posibles riesgos o efectos adversos colaterales, principalmente, osteomusculares y cardiovasculares.

En definitiva, creo que los mensajes para recordar de este editorial son que:

1. La defensa de la salud requiere de un programa de mejora de hábitos que incluya un aumento del tiempo y nivel de actividad física, la disminución de la conducta sedentaria y la práctica de ejercicio.
2. Se deberá favorecer la adherencia a las intervenciones prescritas y mejorar los componentes idóneos del ejercicio adaptados a cada situación: resistencia cardiorrespiratoria, fuerza muscular, resistencia muscular, flexibilidad, control neuromotor y composición corporal.
3. La pandemia por COVID-19 nos brinda la oportunidad de generar cambios sociales y diseñar programas educativos en hábitos saludables, y la práctica de ejercicio es uno de ellos.
4. Es urgente la implementación de políticas que aumenten la conciencia de la población que favorezcan la actividad física y el ejercicio.

Bibliografía

  1. McGuire DK, Levine BD, Williamson JW, Snell PG, Blomqvist CG, Saltin B, et al. A 30-year follow-up of the Dallas Bed Rest and Training Study: I. Effect of age on the cardiovascular response to exercise. Circulation. 2001;104(12):1350-7.
  2. Luan X, Tian X, Zhang H, Huang R, Li N, Chen P, et al. Exercise as a prescription for patients with various diseases. J Sport Health Sci. 2019;8(5):422-41.
  3. Adhikari SP, Meng S, Wu YJ, Mao YP, Ye RX, Wang QZ, et al. Epidemiology, causes, clinical manifestation and diagnosis, prevention and control of coronavirus disease (COVID-19) during the early outbreak period: a scoping review. Infect Dis Poverty. 2020;9(1):29.
  4. Booth FW, Roberts CK, Thyfault JP, Ruegsegger GN, Toedebusch RG. Role of inactivity in chronic diseases: evolutionary insight and pathophysiological mechanisms. Physiol Rev. 2017;97(4):1351-402.
  5. Sánchez Castillo S, Smith L, Díaz Suárez A, López Sánchez GF. Physical activity behavior in people with asthma and COPD overlap residing in Spain: a cross-sectional analysis. J Asthma. 2021;1-9.

Juan Antonio Riesco Miranda

Servicio de Neumología. Complejo Hospitalario Universitario de Cáceres. CIBERES.

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