Adolescentes y nuevas puertas de entrada al tabaco

El uso de los productos del tabaco novedoso está aumentando de forma exponencial

El tabaco es una droga legal, a partir de la edad adulta, pero que sea legal no significa que no mate. Como todo, ha ido evolucionando a lo largo de la historia y ahora nos lo encontramos, además, en novedosos productos como cigarrillos electrónicos, vapeadores, vaporizadores y dispositivos de combustión parcial del tabaco en general. Esta evolución obedece, principalmente, a la necesidad de la industria de buscar otras vías de consumo frente a las políticas de Salud Pública de control del tabaquismo.

El uso de productos de tabaco novedosos está aumentando de forma exponencial, sobre todo en jóvenes y adolescentes. Esto no es nada bueno porque el tabaco es la segunda droga más extendida entre los estudiantes de 14 a 18 años tras el alcohol. El primer consumo de tabaco en España se produce a los 14,1 años y tan sólo medio año después de esa primera vez comienza la adquisición del hábito diario (a los 14,6 años de media).

La tendencia descendente en el consumo de tabaco que existía en la última década se ha frenado, según los datos de la encuesta Estudes a estudiantes de esas edades. Han fumado tabaco en alguna ocasión el 38,5% del alumnado, el 34,7% lo ha hecho en el último año y diariamente un 8,8%. También hay que tener en cuenta que la prevalencia de consumo diario de tabaco se asocia estrechamente con otras adicciones y consumo de sustancias psicoactivas como cannabis, alcohol, y el juego.

Creo que es oportuno, antes de que sea demasiado tarde, no normalizar ni edulcorar las nuevas formas de consumo de tabaco, de nicotina u otras sustancias, alertar sobre los riesgos para la salud que conllevan, y concienciar de que no son un método de abandono del hábito de fumar, al contrario, en los más jóvenes pueden estar actuando como puerta de entrada a la adicción.

Autora: Carmen Montón . Ex-ministra de sanidad, consumo y bienestar social.

Fuente Original: laRazon

Fumadores pasivos: este es el riesgo de morir por causa del humo de los otros

600.000 fumadores pasivos mueren cada año por culpa de cigarrillos que encienden otros

El tabaco es la segunda causa de mortalidad y el responsable de la muerte de aproximadamente uno de cada diez adultos en todo el mundo . La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que mueren seis millones de personas cada año por enfermedades relacionadas con el tabaco: 600.000 son resultado de los efectos del tabaquismo pasivo. Es decir, que una de cada diez muertes relacionadas con el tabaco corresponde a fumadores pasivos.

En otras palabras, se si considera que en un fumador activo el riesgo de accidente cerebro o cardiovascular es un 30% superior a un no fumador, en un pasivo también existe un incremento cuantificable que se sitúa en torno al 3%. Así mismo, respecto al cáncer de pulmón, siendo el aumento de riesgo en un fumador activo del 15%, en los pasivos es un 1,5% superior a otra persona que ni fuma ni comparte espacio con gente que fuma. Estos aumentos se pueden atribuir a cualquier otra enfermedad relacionada con el tabaquismo.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de fumadores pasivos?

Según la Sociedad Americana del Cáncer, hay dos tipos de humo que proceden de la quema de tabaco:

  • El humo convencional, que es el que exhala el fumador.

  • El humo de corriente secundaria, es decir, el que se desprende de un cigarrillo encendido.

Y este último es precisamente el que tiene concentraciones más altas de agentes cancerígenos y es más tóxico que el convencional. Además, contiene partículas más pequeñas que llegan fácilmente a los pulmones y las células del cuerpo. Así que cuando alguien no fumador está expuesto a cualquiera de estos humos, se considera un fumador pasivo (o involuntario), por tanto, es alguien que ingiere nicotina y productos químicos (como benzeno, butanona, butadieno…) de la misma manera que una persona fumadora.

O más. Porque el humo que respira un fumador pasivo es el resultado de la combinación del que se desprende del cigarrillo más del que exhala el fumador. Según el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, la exposición durante una hora al aire contaminado por el humo del tabaco equivale a fumarse unos tres cigarros. El mecanismo involucrado en el tabaquismo pasivo es similar a los procesos y daños neurohormonales, hematológicos, metabólicos, genéticos y bioquímicos del tabaquismo activo.

El humo, un cóctel de sustancias perjudiciales

El humo que deja un cigarro en realidad contiene más sustancias nocivas que el que se inhala porque no hay un filtro (la parte del cigarrillo compuesta de fibras de acetato de celulosa que retienen parte del alquitrán y la nicotina) por el que deba pasar. Es un cóctel letal de más de 7.000 sustancias químicas, de las cuales 400 son tóxicas, al menos 70 pueden causar cáncer y 12 contienen gases mortales.

A la nicotina (la principal responsable de la dependencia del tabaco) se le suman alquitranes, monóxido de carbono y sustancias irritantes. En la mayoría de los casos, este humo es invisible e incoloro, pero viaja y se mueve por el aire y permanece y se acumula en techos, paredes y ropa como cortinas. Está relacionado con distintos tipos de cáncer , como el de pulmón, laringe, faringe, cerebro, vejiga, recto, estómago, etc.

También se le vincula muy directamente con enfermedades que afectan al corazón y los vasos sanguíneos, lo que aumenta el riesgo de ataque cardíaco y accidente cardio y cerebrovascular. La OMS clasifica el humo “pasivo” como cancerígeno. En adultos, se sabe que un fumador pasivo tiene riesgo de cáncer de pulmón, tos, sibilancias y otras enfermedades como la cardiaca. En niños, el tabaquismo pasivo puede aumentar la gravedad de los síntomas de asma.

Espacios cerrados, los más peligrosos

La mayor exposición al humo se produce en los hogares, admiten varias asociaciones sanitarias de todo el mundo, entre ellas la Cancer Research británica, que reconoce que es especialmente perjudicial en recintos pequeños cerrados como los coches. En países como el Reino Unido, Francia o Australia está prohibido fumar en los coches con niños menores de 18 años o embarazadas. En España, fumar conduciendo no es aún un delito, según el Reglamento de Circulación.

De todos modos, en nuestro país ya se considera que genera distracción y puede ser un riesgo para la seguridad vial: según la Dirección General de Tráfico, fumar es una de las distracciones más frecuentes entre los conductores españoles porque encender un cigarrillo supone 4,1 segundos y fumárselo entre 3 y 4 minutos. Pero no solo comporta este riesgo: también se contempla como un problema a largo plazo porque el humo de un vehículo aumenta el riesgo de sufrir ictus, bronquitis crónicas o enfermedades cardiovasculares.

Al fumar, se crea monóxido de carbono, lo que se traduce en una mala oxigenación y, por tanto, en mayor sensación de somnolencia, cansancio o dolor de cabeza. Debe prestarse especial atención a los sistemas de aire acondicionado que, según los expertos, agrava la exposición. El humo del tabaco se comporta como vapor y la mayoría de los sistemas de aire acondicionado lo hacen menos visible, pero sin eliminarlo.

¿Qué ocurre con el humo que se acumula?

En alguna ocasión seguro que hemos tenido la oportunidad de entrar en algún sitio cerrado y oler a tabaco, aunque no haya nadie en ese momento fumando. Esto lo provoca lo que algunos expertos denominan humo de tercera mano o humo de tabaco residual. Es el que se acumula en superficies y ropa como cortinas, alfombras, paredes, muebles… donde puede permanecer durante meses.

Algunas investigaciones afirman que las partículas que se depositan en el humo del tabaco se combinan con gases en el aire y forman compuestos tóxicos, como hidrocarburos policícliclos aromáticos, similares a los de freír el aceite en exceso . Además, el humo indirecto del tabaco contiene nicotina: se calcula que las concentraciones de nicotina en el aire de casas de fumadores presentan una media de 2 a 10 microgramos/m3. También se ha demostrado que este humo acumulado puede dañar el ADN humano en cultivos celulares. No está claro, sin embargo, que este humo cause cáncer.

Acciones como abrir las ventanas (de casa o del coche) para ventilar son inútiles, no sirven para dispersar el letal cóctel químico que deja atrás el tabaco. Solo conseguimos eliminar un poco el mal olor, pero no logramos apartar y destruir las toxinas. Tal como reconoce la OMS, “solo los ambientes 100% libres de humo pueden protegernos de los efectos del tabaquismo pasivo”.

Autora:

Fuente Original: elDiario

El cerco sanitario se estrecha sobre los cigarrillos electrónicos

El consumo de cigarrillos electrónicos se ha disparado en los últimos años, y con él la preocupación por los daños que este hábito puede ocasionar en la salud humana.

Lo que irrumpió en el mercado como un sustitutivo benigno del tabaco, ahora está en el punto de mira sanitario debido a que cada vez son más las evidencias de sus efectos perjudiciales.

Es el caso de Estados Unidos, que ha iniciado una cruzada contra el vapeo, al que ha llegado a calificar de “epidemia”, despues de que se hayan contabilizado en las últimas semanas siete muertes y cientos de afectados por enfermedades pulmonares en personas consumidoras de estos productos. Otro gigante mundial, India, acaba de prohibir la producción y la importación de cigarrillos electrónicos, con el objetivo de proteger la salud pública de los niños y los jóvenes adultos, tal y como ha afirmado el propio Gobierno del país.

En España, más de un centenar de vapeadores se manifestaron el pasado lunes frente al Ministerio de Sanidad, en Madrid, como respuesta a la campaña institucional lanzada el 4 de septiembre contra el tabaco, dirigida especialmente a los más jóvenes y centrada en las nuevas formas de consumo, bajo el lema “El tabaco mata y te ata en todas sus formas”. Los manifestantes pidieron la dimisión de la ministra María Luisa Carcedo por la “campaña de desinformación” sobre los cigarrillos electrónicos, que a su entender “salvan vidas, ya que ayudan a abandonar el tabaco”.

Incluso existe en nuestro país una Organización de Médicos en Apoyo del Vapeo y de los Cigarrillos Electrónicos (MOVE, por sus siglas en inglés), integrada por un pequeño grupo de profesionales, que pide trabajar con las autoridades sanitarias para fomentar el uso de vaporizadores en la lucha contra el tabaquismo, tal y como se está haciendo en países como el Reino Unido. Su principal argumento es que los cigarrillos electrónicos causan menos daño que el tabaco convencional, y que ayudan a dejarlo.

La realidad es que no hay ningún estudio científico que avale que el uso de cigarrillos electrónicos, vapeadores o pipas de agua ayude a abandonar el tabaco.  “No existen evidencias sólidas hasta la fecha que apoyen que el uso de cigarrillos electrónicos sea una herramienta efectiva para dejar de fumar”, sostiene la Asociación Española contra el Cáncer, que apunta a que el vapeo, en realidad, “se asocia a un consumo dual”, y por lo tanto también puede convertirse en una puerta de acceso al tabaquismo para los más jóvenes.

“El único ensayo clínico aleatorizado muestra que la tasa de abandono mediante cigarrillo electrónico es baja y similar a la de los sustitutos de nicotina”, aclara.

Con o sin nicotina

Otra razón esgrimida por los defensores del vapeo es que estos productos pueden consumirse sin nicotina. En este sentido, desde el ámbito sanitario recuerdan que es un error focalizar todos los efectos nocivos del tabaco en la nicotina. “La nicotina es una droga”, afirma a RTVE.es el doctor Carlos Jiménez, presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), “es la droga que causa la adicción, que hace que el sujeto que vapea se haga adicto y siga vapeando, pero quien auténticamente mata son las otras sustancias que se inhalan con el vapor que produce el cigarrillo electrónico”.

El último trabajo sobre sus efectos perjudiciales llega de Estados Unidos, y acaba de ser publicado en la revista JAMA Internal Medicine. Científicos de la Universidad Duke, en Carolina del Norte, han hallado un ingrediente, llamado pulegona, que se encuentra  en los cigarrillos electrónicos que se venden con sabores de menta y mentol, y en los llamados “productos de tabaco sin humo” disponibles en el mercado norteamericano. Se trata de un carcinógeno que puede causar cáncer hepático, metaplasia pulmonar y otros neoplasmas.

Diversas enfermedades graves

“El cigarrillo electrónico tiene en el vapor que desprende sustancias tóxicas para la salud, sustancias que son capaces de producir enfermedades tan graves como bronquitis crónica y enfisema, infecciones respiratorias o cáncer de pulmón, además de poder producir adicción a la nicotina”, sostiene Carlos Jiménez.

“Estas sustancias fundamentalmente son carbonilos, acetaldehído y formaldehído, que además son carcinógenas. También hay otras como partículas de cromo, de plomo o de níquel que igualmente son capaces de producir cáncer”, prosigue el neumólogo. “Igualmente, se ha visto en estudios realizados que hay otras sustancias, radicales tóxicos del oxígeno, que además de facilitar la producción de bronquitis crónica y enfisema, posibilitan que los gérmenes penetren en el interior de las células respiratorias y se produzcan infecciones respiratorias“.

El hecho de que los cigarrillos electrónicos y similares no requieran combustión, que es otra de las justificaciones esgrimida por sus defensores, no significa que no contengan sustancias potencialmente tóxicas, recuerdan desde la misma asociación. Por tanto, no hay evidencias concluyentes sobre la seguridad de su utilización, especialmente a largo plazo.

“De momento es pronto para determinar el grado de peligrosidad del cigarrillo electrónico con respecto al tradicional, pero lo que sí sabemos es que son sustancias tóxicas para la salud, que no son menos tóxicas que las del cigarrillo normal, como se nos intenta vender desde las empresas del sector“, declara Carlos Jiménez. “El cigarrillo electrónico es un dispositivo con efectos deletéreos para la salud humana”.

“La ley está fallando”

“El control sanitario de los cigarrillos electrónicos debería ser mucho más estricto. En este sentido, la ley está fallando”, opina el presidente de SEPAR. “Es fundamental que se cambie primero para impedir las campañas publicitarias que se están haciendo sobre la utilización de estos dispositivos. Segundo, para regular estrictamente su consumo en lugares públicos y regular estrictamente su venta. Y tercero, para incrementar la fiscalidad que tienen este tipo de dispositivos, que es muy pequeña”, concluye.

Autor: SAMUEL A. PILAR

Fuente Original: Rtve

El cigarrillo electrónico no ayuda a dejar de fumar

Un estudio de la European Respiratory Society (ERS) niega que el uso de cigarrillo electrónico sea una buena estrategia de reducción de riesgo respecto al tabaco o una ayuda para dejar de fumar.

Desde la aparición del cigarrillo electrónico a mediados del 2000, se ha valorado el producto con cierta cautela y muchas reticencias por los profesionales de la salud ante la falta de evidencia sobre su eficacia y seguridad. Pero esta situación se sobresaltó con la reciente alerta en EEUU por algún caso, ya una epidemia de más de 300 personas afectadas, en los que usuarios de cigarrillo electrónico habían desarrollado una enfermedad extraña y potencialmente mortal.

Los pacientes eran mayoritariamente jóvenes sanos que presentaban dificultades severas para respirar, vómitos, fiebre y fatiga necesitando, algunos, respiración asistida. En lo que casi todos coincidían era en desconocer las sustancias reales que habían inhalado con su cigarrillo electrónico, ya que muchos lo habían comprado en la calle de forma irregular o lo habían mezclado con THC, el principal componente psicoactivo del cannabis.

Casualmente dicha crisis coincidió con un informe de la European Respiratory Society (ERS) en el que negaba que el uso de cigarrillo electrónico fuese una buena estrategia de reducción de riesgo respecto al tabaco o una ayuda para dejar de fumar.

En relación con si el cigarrillo electrónico es o no un producto de menos riesgo que el tabaco, se debe hacer un análisis poblacional más que individual, como veremos. Está claro que encontrar un producto de consumo con un riesgo similar al del tabaco, que mata a más de 56.000 personas al año en España, es realmente difícil, lo que no quiere decir que no importe dicho riesgo.

Clásicamente, una de las grandes líneas estrategias de marketing de la industria tabaquera ha sido crear la ilusión de la fabricación de productos bien diseñados, modernos y, cada vez, menos nocivos.

Entre 1910 y 1920 las principales compañías tabaqueras introdujeron el concepto de tabaco “natural” con “menos irritantes”, usando incluso la imagen de médicos fumadores. Siguieron, en 1960, con la gran revolución que supuso el uso del filtro, un añadido que presuntamente reducía las sustancias nocivas ingeridas pero que en realidad estaba diseñado para crear más adicción ya que facilita la absorción de nicotina. Ya en 1970 se introdujeron los bajos en nicotina y, más recientemente, el tabaco sin aditivos, principalmente el de liar. Todas estas etapas desembocan en el tabaco sin combustión y los cigarrillos electrónicos, mostrados como ultramodernos cuando el primero ya se comercializaba en 1980 y el segundo desde mediados del 2000.

La entrada de la industria tabaquera en el mercado de los cigarrillos electrónicos no tiene por objetivo ayudar a sus clientes a usar productos menos nocivos o a que abandonen el tabaco sino conseguir retrasar al máximo cualquier intento de abandono, alargando así la vida útil de un consumidor de tabaco, a la vez que captar nuevos clientes los mercados ya saturados.

Así lo vemos en el análisis de la ERS o el realizado por S. Glantz, uno de los investigadores más respetados del campo del tabaco, y D. Bareham en 2018 donde encontraron que en 14 de 15 estudios el 60-90% de los usuarios del cigarrillo electrónico continuaban fumando, con lo que no se reducía el riesgo ya que no había un cambio real de fumar a vapear sino un uso dual, con lo que quizás incluso se aumente dicho riesgo con otras sustancias que anteriormente no se consumían. Además, la mayoría de usuarios de cigarrillo electrónico lo utilizaban recreacionalmente en entornos donde estaba prohibido fumar, sin dejar el tabaco.

Poder consumir nicotina en diferentes entornos, más que ayudar o motivar a los fumadores a pasarse a los cigarrillos electrónicos o dejar de fumar, reduce los niveles de abandono del tabaco. Por tanto, el cigarrillo electrónico está contribuyendo a aumentar la epidemia del tabaco, atrayendo a fumadores que quieren dejar de fumar pero reduciendo la probabilidad de que lo consigan.

Es decir, el cigarrillo electrónico no es una puerta de salida del tabaco sino claramente de mantenimiento y de entrada. De hecho, en el Reino Unido con más de 6 millones de usuarios de cigarrillo electrónico, no se ha visto una reducción significativa del número de fumadores. Por otra parte, los jóvenes usuarios de cigarrillos electrónicos desarrollan adicción a la nicotina lo que les facilita el inicio en el consumo de tabaco, según diferentes estudios. Esta realidad es muy preocupante ya que en 2014 en EEUU se registraron más jóvenes vapeadores que fumadores.

En definitiva, los cigarrillos electrónicos son la adaptación de la industria del tabaco a la reducción de fumadores y a la regulación de espacios sin humo, entorpeciendo el abandono, favoreciendo el inicio y llevando la nicotina a espacios donde ya no estaba.

Autor: Antoni Baena. Profesor de la UOC e investigador de la Unidad de Control del Tabaco del ICO.

Fuente Original: elPeriodico

El tabaco es responsable del 86% de los diagnósticos de cáncer de pulmón en España

Este estudio también ha abordado el ámbito de los fumadores pasivos

Si bien es sabido que el consumo de tabaco es un gran riesgo para la salud, los datos en cuanto a este, siguen en un suma y sigue. Como informa Europa Press, el tabaco es responsable del 86 por ciento de los diagnósticos de cáncer de pulmón en España, según se desprende del análisis de 6.600 casos procedentes de 56 hospitales españoles y analizados por el Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP) en su estudio epidemiológico, llamado ‘Registro de Tumores Torácicos’.

El trabajo, presentado en el Congreso Mundial de Cáncer de Pulmón celebrado estos días en Barcelona, ha puesto de manifiesto el aumento de un dato que siempre ha diferenciado el consumo de tabaco por géneros y que ahora, el porcentaje de pacientes mujeres fumadoras activas se acerca ‘peligrosamente’ al de los hombres (42% hombres y 34% mujeres), además hay mayor porcentaje de mujeres con cáncer de pulmón que relatan haber estado expuestas a humo de terceros.

De hecho, del 13 por ciento de pacientes que nunca han fumado, un 16 por ciento estuvo expuesto al humo de terceros, con mayor número de casos entre el sexo femenino. “En nuestra opinión, y en vista de estos resultados, la presión social y política para reducir el consumo de tabaco entre la población debería reforzarse, especialmente entre los jóvenes“, ha explicado el presidente del GECP y jefe de Oncología del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, Mariano Provencio.

Aunque los jóvenes sean objetivo de dicha presion social y entre ellos se aumente el consumo, los 6.600 casos de cáncer de pulmón analizados por el GECP, han arrojado que la edad media de diagnóstico del cáncer de pulmón en España se sitúa en los 64 años, si bien el 15,8 por ciento de los casos ya se dan en personas por debajo de 55 años. Además, el 80 por ciento presenta la patología en un estadio avanzado en el momento del diagnóstico.

En el estudio, además, analiza el tipo de tumor más frecuente en España, así como la práctica y realización de los marcadores tumorales a los pacientes. En este sentido,los especialistas hacen hincapé en como los datos destacan el cambio de presentación del subtipo histológico ya sugerido en anteriores investigaciones, existiendo una frecuencia creciente de adenocarcinoma que parece estar relacionada con el cambio en la composición de los cigarrillos filtrados, con la disminución de los alquitranes y el aumento de nitrosaminas.

En el caso de la realización de marcadores tumorales, la caracterización molecular del cáncer de pulmón ha cambiado considerablemente la clasificación y el tratamiento de estos tumores, convirtiéndose en un componente esencial del diagnóstico patológico y las decisiones de terapia oncológica.

“En este estudio, poco más de dos tercios de los pacientes (67,5%) se sometieron a pruebas moleculares, alcanzando el porcentaje significativo de 81,4 por ciento en pacientes con enfermedad en estadio IV. Vale la pena destacar no solo el alto porcentaje de pruebas de mutación EGFR, sino también el aumento progresivo y rápido en algunos perfiles de biomarcadores, como fue el caso de la expresión de PDL1 y la determinación de reordenamientos de ALK”, ha zanjado el secretario del GECP, Bartomeu Massuti.

Autor: C.D.M. 

Fuente Original: laRazon

 

Sanidad estudia cómo adaptar la Ley Antitabaco para incluir el cigarrillo electrónico

El Ministerio de Sanidad está valorando cómo adaptar la Ley para que la normativa antitabaco incluya los vapeadores, que ahora se pueden usar en bares

El Ministerio de Sanidad ha lanzado este mes una campaña para alertar de los riesgos de “todas las formas de fumar”. Es decir: transmitir la idea de que el cigarrillo clásico combustible, el electrónico, la sisa o el de liar constituyen todos un riesgo para la salud, no hay opción sana.

Lo hacen, informan, sobre todo alertados por un dato: en 2015 eran uno de cada cinco adolescentes los que habían probado el cigarrillo electrónico o vapeador; en 2018, según el avance de la Encuesta sobre uso de drogas en Enseñanzas Secundarias en España (ESTUDES) ya eran uno de cada dos. El negocio está en auge y las previsiones de la patronal dicen que moverá más de 90 millones en España al cierre del año, y un 69,8% de los usuarios han sustituido lo que ahora hay quien llama “cigarrillo analógico” por ellos.

Los cigarrillos electrónicos, que contienen una solución líquida que, en España y según la directiva europea, lleva entre 0 y 20 miligramos por mililitro de nicotina, estuvieron en un limbo legal total hasta el año 2014. No están incluidos en la Ley Antitabaco de 2010, ya que esta se refiere a “productos del tabaco y sus derivados”, y éstos no contienen tabaco, ni emiten humo. En ese año 2014, una reforma de la Ley del Consumidor sí prohibió su uso en centros pertenecientes a la administración pública –edificios públicos, colegios, hospitales–, medios de transporte y parques infantiles, y su venta a menores. En 2017, un decreto ley también acabó con su publicidad. Sin embargo, se pueden seguir usando en bares, restaurantes y centros de trabajo, y las marcas han buscado resquicios legales para anunciarse.

Sanidad ha informado de que quiere endurecer la Ley para ampliarla y “adaptarla” a todas estas nuevas formas de consumo, pero reconocen que todavía no saben si pasaría por una modificación de la actual legislación o una nueva, y todo sigue en fase de estudio. El presidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, Andrés Zamorano, aboga por lo más radical: “Equiparar al alza todos productos tabaco y sus derivados, incluso aunque no lleven nicotina”. Así lo recogen además en su documento referencial, su Declaración por Madrid de 2018. “Es absurdo que la policía actualmente pueda entrar en un establecimiento y ver a alguien con un cigarrillo ‘analógico’, otro un IQOOS –dispositivo electrónico que sí contiene tabaco calentado– y un eCig y multar por unos y no por otros. Es absurdo porque todo es fumar”, alega.

Como respuesta a la campaña de Sanidad, la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo (UPEV) emitió un comunicado pidiendo “evitar la confusión y el alarmismo”. La patronal cree que “la intención de Sanidad es buena, pero se equivoca en la forma, pues lanzar una campaña de concienciación tratando a todos los productos de la misma manera genera confusión y alarma y no parece la forma más efectiva de lograr sus objetivos”. Se amparan sobre todo en que cuentan con “un código de autorregulación en el que se pretende alejar a los menores del cigarrillo electrónico” y a la “estricta vigilancia y legislación”.

“Por un mundo sin humos”

Zamorano insiste por su parte en que se le llame fumar y no vapear “ya que ellos mismos, Philip Morris, se han apropiado de un lema de salud pública, ‘por un mundo sin humo’. Ahora tenemos que cambiarlo a ‘un futuro sin fumar”. “El Ministerio hace muy bien en equipararlos como dañinos”, añade, “porque además la percepción de riesgo del cigarrillo electrónico es la más baja entre los estudiantes, no piensan que sea algo perjudicial. En general, hay que desnormalizar el hecho de fumar, sea como sea. Fumar no es lo normal, fuma una de cada cuatro personas y el 70% de fumadores quieren dejarlo. Antes que buscar otras formas, hay que facilitar acceso a tratamientos, formar a los profesionales y financiar campañas”.

En un documento fechado a julio de 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) especificaba que estos nuevos dispositivos “generan aerosoles que contienen nicotina y otras sustancias tóxicas al calentar el tabaco o activar un dispositivo que lo contiene”. “Aunque se presentan como productos que reducen los riesgos, no hay pruebas de que los Productos de Tabaco Calentados sean menos nocivos que los productos de tabaco convencionales. Contienen sustancias que no se encuentran en el humo de los cigarrillos y pueden afectar a la salud”, añaden. Lo que generan, hay que recordar, no es vapor como puede señalar su nombre “sino un aerosol que es inhalado por el usuario”.

La OMS indica que estos cigarrillos “incluyen más de 20 sustancias perjudiciales o potencialmente dañinas en cantidades significativamente superiores al humo de los cigarrillos convencionales” y lo califican de “peligro para la salud pública”. Sobre su efecto en fumadores pasivos, indican que “es necesario realizar estudios” porque todavía no hay suficientes. El líquido que se inserta en el aparato también contiene propilenglicol (generalmente alrededor del 70%) y glicerina vegetal. En EEUU, donde la ley permite una concentración de nicotina de hasta 59 miligramos por mililitro, recientemente cientos de personas han sido ingresadas por enfermedades relacionadas con el ‘vapeo’ pero de lo que no se acaba de encontrar el origen.

“Es puerta de entrada, no de salida”

El Doctor Esteve Fernández, director de Epidemiologia y Prevención del Cáncer del Institut Català d’Oncologia (ICO), recuerda que “lo que produce adicción es la nicotina”. Lo explica: “Los vapeadores, al no combustionar, generan menos sustancias tóxicas, sí. Pero desde la industria del vapeo se ha lanzado la cifra del 95%, y no nos la creemos. Cuantos más estudios hay, más sustancias se encuentran. Además, nos gusta una analogía: si te tiras desde una planta 25 tienes un riesgo muy elevado de morir. Si te tiras desde una quinta, no tantas, pero también muchas posibilidades. Pero ese 95% sigue flotando en el ambiente”.

Para él lo más grave es que, tanto el ‘eCig’ como otros dispositivos de tabaco calentado –como el IQOOS– “se están intentando comercializar como puerta de salida al tabaco por no emitir humo, cuando son una puerta de entrada. Especialmente en el caso de los jóvenes”. El propio Ministerio de Sanidad concluía en un informe de 2014 que “la seguridad y eficacia de los cigarrillos electrónicos como ayuda para dejar de fumar no han sido demostradas”. En EEUU ya se habla de “epidemia” entre los estudiantes de instituto, por lo que en algunos lugares como San Francisco ya se ha prohibido su venta. En España todavía los expertos no hablan en esos términos, pero el aumento del que hablaba el Ministerio entre los adolescentes sí le parece a Esteve “espantoso y preocupante. Es un momento clave y probando eso, acabarán adictos o metiéndose en el tabaco”.

Fernández es partidario de que la ley “se modifique directamente y así se adapte a esta nueva realidad”. Cambiaría más cosas que ya están aplicadas en otros países: concretar el perímetro alrededor del que no se puede fumar en un centro público, prohibiciones en campos deportivos, quitar las excepciones de la terrazas sobre ventilación o añadir las paradas de autobús. También, tanto él como el Comité Antitabaco llaman a igualar al alza todos los impuestos, también del tabaco de liar, “que muchos fumadores acaban eligiendo por el precio y pensando que fuman menos, pero está demostrado que consumen las mismas sustancias cancerígenas”. El Ministerio de Sanidad afirmó que está estudiando todas esas opciones también y se han barajado en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, aunque esta última, el aumento fiscal, depende de Hacienda. Belén Remacha

Autora: Belén Remacha

Fuente Original: elDiario

Estudian la incidencia de la EPOC como causa del trasplante pulmonar en España

Hay un incremento mayor de pacientes trasplantados con EPOC respecto a otras patologías del aparato respiratorio.

Un estudio del servicio de Neumología del Hospital Gregorio Marañón ha analizado durante 15 años la evolución de los trasplantes pulmonares de pacientes en España. Tras analizar cerca de 3.000 ingresos por trasplante pulmonar en nuestro país, la investigación concluye que hay un incremento mayor de pacientes trasplantados con Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) respecto a otras patologías del aparato respiratorio. También se produce un aumento de mujeres trasplantadas con esta afección. La evolución del manejo del paciente trasplantado ha permitido ampliar los límites de edad así como las enfermedades asociadas a esta patología, disminuyendo los riesgos de mortalidad.

La investigación: “Evolución temporal de los trasplantes de pulmón en España 2001-2005” coordinada por el jefe de la sección de Neumología del Hospital Gregorio Marañón, Javier de Miguel, concluye que la EPOC es una de las principales causas de trasplante pulmonar: “Tras analizar cerca de 3.000 ingresos de trasplante pulmonar  durante un periodo de 15 años observamos que  la tasa de los trasplantes pulmonares aumentó en nuestro país de forma generalizada, sin embargo, la incidencia fue significativamente mayor en el grupo de pacientes con EPOC. “ explica Javier de Miguel.

Otro dato relevante de este estudio es el incremento en la proporción de mujeres que padecen EPOC y que son trasplantadas de pulmón por esta causa. “La EPOC se asocia, fundamentalmente al consumo de tabaco y, dado que las mujeres se han incorporado más tarde al hábito de fumar, la mayor parte de los afectados son varones, aunque en los últimos años estamos viendo que el porcentaje de mujeres con EPOC va creciendo, motivo por el cual se trasplanta cada vez más a este colectivo” aclara el neumólogo del Marañón.

TRASPLANTES CON MÁS EDAD Y CON MENOR RIESGO

Otro de los datos interesantes que arroja esta investigación sobre la evolución temporal de los trasplantes de pulmón en España  es que desde 2001 a 2015 se han ampliado los límites de edad para poder trasplantar a los pacientes y también la complejidad de los enfermos, que presentan cada vez más otras patologías asociadas a las respiratorias ya existentes. “La evolución del trasplante pulmonar, la experiencia y las técnicas cada vez más depuradas han permitido que, a pesar de trasplantar a pacientes con mayor edad y con más complejidad, la mortalidad asociada este procedimiento ha disminuido en nuestro país con el tiempo”.

Esta investigación de los neumólogos del Marañón ha ganado el premio al mejor trabajo publicado que ha concedido Neumomadrid en su XIX edición. El estudio ha sido galardonado entre todos los trabajos realizados a partir de proyectos becados previamente por la Sociedad Madrileña de Neumología y Cirugía Torácica.

Fuente Original: ConSalud

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“El tabaco ata y te mata”

La ministra remarca que “fumar ata y te mata en todas sus formas”

La ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social en funciones, María Luisa Carcedo, ha presentado esta mañana la campaña institucional contra el tabaco insistiendo en que “todas las formas de fumar, incluidas las nuevas, también crean adicción y son perjudiciales para la salud”.

La campaña “El tabaco ata y te mata” tiene como objetivo concienciar, sobre todo a los más jóvenes, de que el tabaco siempre es perjudicial, se consuma como se consuma. Las pipas de agua, los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o los vapeadores también crean adicción y son perjudiciales para la salud. “No queremos que les engañen”, ha insistido la Ministra, que ha recordado que el tabaquismo provoca 50.000 muertes “prematuras” en España cada año.

Se trata de la primera campaña que realiza el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social para alertar a la población sobre los riesgos para la salud que tienen los nuevos productos emergentes. “Pretendemos eliminar falsos mitos y creencias erróneas asociadas al consumo de los distintos productos del tabaco”, ha explicado Carcedo.

La ministra ha presentado la campaña acompañada por la directora general de Salud Pública, Pilar Aparicio, y la Delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), Azucena Martí.

Mayor consumo entre los jóvenes

La preocupación del Ministerio responde a los datos que arrojan las encuestas oficiales: el consumo de estos nuevos dispositivos es mayor entre los jóvenes que en el resto de grupos de edad. En la Encuesta EDADES 2017, el 9 por ciento de la población de 15 a 64 años declaraba haber probado estos dispositivos. Según la Encuesta ESTUDES 2016, el 21 por ciento de los jóvenes de entre 14 y 18 años, había fumado por esta vía alguna vez.

Además, el consumo aumenta significativamente entre los más jóvenes. En la Encuesta ESTUDES de 2016, 1 de cada 5 jóvenes había probado estos dispositivos. En los datos provisionales de 2018, asciende a casi 1 de cada 2.

Baja percepción de riesgo

También es significativo el hecho de que el cigarrillo electrónico tiene la percepción de riesgo más baja entre todas las drogas y sustancias. Sólo el 34 por ciento de los estudiantes piensa que consumir cigarrillos electrónicos puede causar bastantes o muchos problemas de salud. En cambio, si se trata de tabaco o de alcohol, el 92 por ciento y el 90 por ciento respectivamente de los encuestados percibe ese riesgo, ha destacado Azucena Martí.

“En general, los líquidos que contienen nicotina son potencialmente peligrosos ya que la nicotina es tóxica y aditiva. Pero incluso el uso de cigarrillos electrónicos que no contienen nicotina puede suponer potenciales efectos nocivos en salud”, ha asegurado Pilar Aparicio.

Puerta de entrada al consumo de tabaco

La Ministra ha asegurado que, como ocurrió hace décadas con el tabaco tradicional, “la publicidad de los nuevos productos del tabaco quiere hacer creer a los jóvenes que fumar un cigarrillo electrónico es sexy o que fumar un vapeador es moderno y estiloso”.

Al contrario, Carcedo ha insistido en que “fumar un vapeador, una pipa de agua o un cigarrillo electrónico crea adicción y es una puerta de entrada al consumo de tabaco”. Entre los estudiantes que usan cigarrillo electrónico, el 78 por ciento declara haber fumado tabaco, mientras que entre quienes no lo usan, la cifra es de un 28 por ciento.

Además, el consumo de cigarrillo electrónico es un factor de riesgo para el consumo de otras drogas, como muestra la Encuesta ESTUDES 2016. El 98 por ciento de los jóvenes que usan cigarrillo electrónico han consumido alguna sustancia psicoactiva (alcohol, tabaco o hipnosedantes) y el 66 por ciento alguna droga ilegal. Este porcentaje desciende hasta el 77 por ciento y el 23 por ciento respectivamente entre quienes no han probado nunca estos dispositivos.

La rápida introducción en el mercado de estos productos podría favorecer modificaciones en los patrones, incluso incorporar nuevos consumidores o la pérdida de oportunidad para el abandono del consumo en fumadores, así como una marcha atrás en la desnormalización del tabaco conseguida hasta ahora.

La seguridad y eficacia de los cigarrillos electrónicos como ayuda para dejar de fumar no han sido demostradas, al contrario, pueden prolongar el consumo e implicar riesgos adicionales. En cambio, sí existen tratamientos que han demostrado su seguridad y eficacia. Los profesionales sanitarios pueden orientar y ayudar a aquellos que desean dejar de fumar.

Fuente Original: GacetaMedica

El cáncer ya mata al doble de personas que las enfermedades cardiovasculares en los países ricos

El cáncer ya mata al doble de personas que las enfermedades cardiovasculares en los países ricos, si bien a nivel global son las patologías cardiacas las que más fallecimientos provocan, según un nuevo informe del estudio ‘PURE’, publicado en ‘The Lancet’ y presentado recientemente en el Congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC, por sus siglas en inglés).

En el trabajo se han analizado durante unos 9 años a 162.534 adultos de entre 35 y 70 años (58% mujeres) en cuatro países de ingresos altos (Canadá, Arabia Saudita, Suecia y Emiratos Árabes Unidos), 12 de ingresos medios (Argentina, Brasil, Chile, China, Colombia, Irán, Malasia, Palestina, Filipinas, Polonia, Turquía y Sudáfrica) y cinco de ingresos bajos (Bangladesh, India, Pakistán, Tanzania y Zimbabwe).

De esta forma, los expertos han comprobado que las muertes relacionadas con una enfermedad cardiovascular eran 2,5 veces más común en adultos que vivían en países pobres, en comparación con aquellos que residían en estados ricos.

A juicio de los investigadores, esta diferencia se puede explicar porque estos pacientes tienen una peor calidad en la atención médica, ya que, tal y como han comprobado, las primeras tasas de hospitalización y el uso de medicamentos para tratar las enfermedades cardiovasculares son sustancialmente menores en las regiones de bajos y medianos ingresos.“El mundo está presenciando una nueva transición epidemiológica entre las diferentes categorías de enfermedades no transmisibles (ENT), ya que la enfermedad cardiovascular ya no es la principal causa de muerte en los países ricos”, ha dicho el autor principal del trabajo, Gilles Dagenais.

Y es que, según el informe, el cáncer fue la segunda causa más común de muerte a nivel mundial en 2017, representando el 26 por ciento de todos los fallecimientos, si bien a medida que las tasas de enfermedad cardiovascular continúen disminuyendo, el cáncer podría convertirse en unas “pocas décadas” en la principal causa de muerte en todo el mundo.

En concreto, mientras que la incidencia de enfermedad cardiovascular es de 7,1 por cada 1.000 personas en los países pobres, en los países de medianos ingresos se sitúa en el 6,8 y en los ricos en el 4,3. Por el contrario, el cáncer, la neumonía, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica son más comunes en las regiones de altos ingresos.

FACTORES DE RIESGO

Asimismo, un informe adicional del estudio ‘PURE’, también publicado en ‘The Lancet‘ y presentado simultáneamente en el Congreso ESC 2019, ha analizado la incidencia de 14 factores de riesgo modificables de la enfermedad cardiovascular en 155.722 personas sin antecedentes de padecerla.

En general, los factores de riesgo modificables, incluidos los factores metabólicos, conductuales, socioeconómicos y psicosociales, la fuerza y el medio ambiente, representaron el 70 por ciento de todos los casos de patología cardiovascular a nivel mundial.Sin embargo, la relación entre los factores de riesgo cardiovascular y la mortalidad varió ampliamente entre países en diferentes etapas de desarrollo económico.

Para las muertes, los factores que más influyeron fueron los relativos al comportamiento (como la obesidad), si bien en los países de medianos y bajos ingreso fueron los involucrados con la contaminación, bajo nivel escolar y mala alimentación.”Lo que es notable es que varios factores de riesgo que tienen un gran efecto, como la fuerza, la baja educación y la contaminación del aire interior y exterior se han subestimado en el pasado y han resultado ser más importantes que otros a los que hemos prestado mucha más atención, como obesidad o sal”, ha zanjado el investigador principal de este trabajo, Philip Joseph.

Fuente Original: Deia

Cigarrillos electrónicos: nuevas formas de fumar, nuevas enfermedades

EEUU investiga nuevas enfermedades ligadas al vapeo con cigarrillos electrónicos y España pide limitar su publicidad para evitar que la evidencia de su daño a largo plazo llegue cuando su uso ya se haya generalizado.

Hace tan sólo unos días que Philip Morris y Altria se disparaban en bolsa al calor de los rumores sobre una posible fusión de los dos gigantes del tabaco. La operación sería la respuesta directa de las tabaqueras a la caída de las ventas de un 4,5% que se está produciendo en el mercado del tabaco tradicional y la necesidad de reenfocarse y concentrar esfuerzos en los nuevos productos del tabaco, los cigarrillos electrónicos (en los que Altria es líder a través de su participación en Juul) y los nuevos dispositivos sin combustión tipo iQos (en manos de Philip Morris), cuyas ventas, en paralelo a la caída del tabaco tradicional, crecen al 8%.

El plan podría, con todo, atragantársele a las tabaqueras antes de llegar siquiera a culminarlo. Y es que, coincidiendo casi en el tiempo con los tambores de fusión, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos anunciaron que habían comenzado una amplia investigación sobre la posible relación entre el uso de los cigarrillos electrónicos y la aparición de enfermedades pulmonares graves y desconocidas.

En tan sólo mes y medio, los CDC estadounidenses han recibido 94 casos de enfermedad pulmonar grave y desconocida en vapeadores, fundamentalmente adolescentes y adultos jóvenes. La noticia desató un aluvión de declaraciones del sector médico explicando que, efectivamente, el uso de los nuevos e-cigarrillos se está generalizando sin conocer realmente sus efectos a largo plazo.

Y es que no fue hasta 2013 cuando los cigarrillos electrónicos irrumpieron con fuerza en el mercado mundial, lo que ha impedido tener todavía una visión de su efecto a largo plazo en la salud. Desde entonces se está viviendo una desconcertante guerra de estudios, metodológicamente más o menos solventes, sobre su utilidad o no para dejar de fumar tabaco convencional y, por otro lado, sobre los riesgos para la salud que podrían entrañar incluso cuando se vapea sin nicotina.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), reconocía este verano que hacen falta más estudios sobre los efectos y advertía que tampoco hay evidencia clara de que sirvan para dejar de fumar.

El desconcierto es tal que algunos países como Reino Unido están promoviendo su uso para ayudar a dejar de fumar, mientras que en otros países se han cerrado filas rotundamente, en la compresión de que vuelven a normalizar el tabaco, ayudan a los jóvenes a engancharse, no evitan el consumo dual de e-cigarrillos con el tabaco tradicional y tienen riesgos desconocidos sobre la salud.

El cigarrillo electrónico se cuela en los hábitos de los españoles

Pese a la incertidumbre internacional, en el caso de España, la posición de las sociedades científicas es firme. Hace precisamente ahora un año que se firmó la llamada Declaración de Madrid, a instancias del Comité Nacional para la Prevención del tabaquismo (CNPT), ratificada por 60 sociedades, en la que se insta a equiparar los nuevos dispositivos a todos los efectos al tabaco tradicional, tanto en lo que se refiere a los puntos de venta o lugares de consumo como a su publicidad.

Vacíos legales en publicidad

El presidente de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), Carlos Jiménez, explica sin embargo que para conseguir eso “España necesita modificar todavía algunas cuestiones legales para evitar que, tal y como ha sucedido en los últimos meses algunos resquicios legales estén permitiendo hacer publicidad masiva de los nuevos dispositivos, que se están anunciando rodeados de un halo de diseño y moda”, como ocurrió en su momento con el tabaco. “Hemos planteado ya esta cuestión al Ministerio de Sanidad -continúa Jiménez- que nos ha reconocido que está muy preocupado y se ha mostrado sensible al cambio legal”.

Y es que, según Jiménez, “hay que evitar que se normalice su uso”, y en eso podría estar perdiéndose ya la batalla en España: el 21% de los jóvenes de 14 a 18 años ya los ha probado e incluso entre quienes no los han utilizado nunca sólo un 36% dice ver riesgo en su uso. El presidente de Separ explica que el vapor inhalado por estos dispositivo no es inocuo como se ha intentado trasladar y parece haber calado en la opinión pública: contiene formaldehido, acetaldehído, acroleína y diversos metales pesados y aunque puedan encontrarse estas sustancias en cantidades más bajas que en el tabaco convencional, el vapor no es inocuo ni para quienes lo inhalan ni para quienes están a su alrededor.

Mientras llega la evidencia sobre sus efectos a largo plazo, Jiménez apela a tomar medidas para evitar la generalización de su uso y, con ello, lo que ocurrió con el tabaco tradicional.Y es que, incluso con la evidencia ya sobre la mesa a mediados de los años 50, las primeras restricciones del tabaco en España no llegaron hasta los 80, cuando ya más de la mitad de la población fumaba.

Autora: Laura G. Ibañes

Fuente Original: DiarioMédico