«Un exfumador nunca se olvida del tabaco pero eso no es excusa para recaer»

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«Un exfumador nunca se olvida del tabaco pero eso no es excusa para recaer»

La Unidad de Tratamiento de Tabaquismo del hospital San Agustín de Dos Hermanas atiende, desde hace años, a personas que buscan ayuda para dejar de fumar. Para ello, utilizan un método basado en la psicología y la conducta que permite al paciente ir cambiando sus hábitos y superar la adicción en unos meses.

El doctor Hicham Guermoudi está al frente de esta consulta a la que llegan, por primera vez cada mes, en torno a una docena de personas. La clave para dejarlo es, según explica, simplemente «querer» y la base para no recaer está en buscar una buena motivación.

¿Cómo se consigue que un fumador dejé de lado los cigarrillos?

Es un requisito esencial que la persona quiera de verdad dejar de fumar porque el principal problema del tabaquismo es que es un hábito muy difícil de quitar. Lo primero que les digo a mis pacientes es que voy a ser su entrenador personal, intentamos cambiarles el chip, que dejen de pensar como un exfumador y hacerlo como un no fumador, es decir, que cuando vean a gente fumando no les dé envidia sino que piensen en los efectos nocivos y los años perdidos.

¿Y todos lo consiguen?

Hay que tener claro que un exfumador no se olvida nunca del tabaco, el paciente debe asumir eso pero no se puede usar como excusa para recaer. Lo que hoy sientes como necesidad se convierte, poco a poco, en nostalgia. Te acuerdas de cuando fumabas pero no es una necesidad.

Entonces, ¿cuál es la clave?

Cuando se le pregunta a un paciente por qué quiere dejar de fumar, casi todos responden que por la salud. Y, salvo que tengan alguna patología por esta causa, la salud es el peor motivo. Cuando el ser humano va a hacer un sacrificio tan grande como dejar de fumar necesita una recompensa y cuanto más duradera sea, mejor. Uno de los motivos más potentes es el económico. Otro es el orgullo. Si el paciente se estanca en una situación, contemplamos también una serie de fármacos, pero la mayoría de las veces no es necesario.

Si se recae, ¿es por falta de voluntad?

Doy el alta a los noventa días sin fumar. La primera fase dura unos quince días y es preparatoria, dirigida a evitar la frustración y la ansiedad, acordando ciertas medidas, como la fecha en que se deja de fumar. Al tercer día, la nicotina desaparece del cuerpo, pero nos queda la parte psíquica, que sigue en aumento hasta la segunda semana sin fumar.

¿Hay un perfil concreto de pacientes que acuden a la unidad?

Suele ser muy variado, la mayoría llega tras habérsele detectado una patología derivada del tabaco, pero también viene gente que ya ha intentado dejar de fumar y no ha podido. Entre los pacientes, hay una pequeña mayoría de mujeres, entre 40 y 50 años. Sin embargo, fue curioso que, a raíz de la Ley Antitabaco, se registró un aumento en la consulta, aunque luego, una vez que la sociedad se adaptó al cambio, las visitas en la unidad volvieron a estabilizarse.

Vía: abc

 

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