¿Por qué son tan difíciles de usar los inhaladores?

2.883 lecturas

¿Por qué son tan difíciles de usar los inhaladores?

Los inhaladores son esenciales para el tratamiento de enfermedades respiratorias; sin embargo, todo el que los haya tenido entre sus manos por primera vez sabe que su uso no es precisamente sencillo. Un estudio acaba de constatar lo que algunos sanitarios saben desde hace tiempo: la educación del paciente es clave para que aprenda a coordinadar su respiración con el click que hará llegar la medicación hasta sus pulmones.

Los inhaladores suministran el medicamento en forma de polvo o líquido directamente hasta los pulmones y bronquios, sin necesidad de atravesar el sistema digestivo; lo que los convierte en aliados ideales en en dos grandes enfermedades: el asma y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Sin embargo, como reconocía recientemente un estudio en la revista Annals of the American Thoracic Society, se calcula que hasta el 86% de los pacientes tiene problemas para usarlos.

En un estudio con 120 pacientes de dos hospitales de Chicago, investigadores dirigidos por Valerie Press, constataron que un abordaje proactivo para formarles adecuadamente en la técnica adecuada podía reducir significativamente este porcentaje.

Laura Diego, coordinadora del Centro de Información de Medicamentos de Cataluña (Cedimcat), reconoce que es difícil encontrar estimaciones precisas en la literatura médica, pero “se calcula que menos del 50% de los pacientes los usa bien”. Ese mal uso significa que una parte del fármaco en polvo que debería llegar hasta el sistema respiratorio se queda en la boca y el paciente no experimentará la mejoría prevista, o su médico tendrá que revisar su dosis, cambiarle de tratamiento… “Y aunque hay algunas alternativas, los inhaladores son la base del tratamiento y es lo que mejor funciona”, apunta Diego.

Multitud de sistemas
En los últimos años han proliferado en el mercado los sistemas de inhalación, lo que ha supuesto una mejora para los pacientes, que antes ni siquiera podían saber las dosis que quedaban. “Es cierto que ha habido avances, pero no se puede decir que haya un inhalador que sea el mejor, sino que hay que buscar el que mejor se adapte a las necesidades y capacidades de cada paciente”. La clave, resalta Diego, es usar bien el que sea (“si funciona, a ser posible, no cambiar el inhalador”); y que médicos y enfermeros dediquen el tiempo suficiente en la consulta para que el paciente aprenda a usarlo antes de irse a casa y reevalúen su uso periódicamente.

Los dos grandes grupos de inhaladores son los presurizados (tipo ventolín), que disparan el medicamento al apretar; y los llamados de polvo seco, que el paciente activa con su propia inhalación.

En general, especifica la especialista del Cedimcat (un centro que dispone de información para pacientes en su página web), los dos errores más comunes al usar este tipo de medicación es que no se coordine la respiración con la aspiración del fármaco (en el caso de los presurizados) y que no se contenga la respiración unos 5-10 segundos una vez inhalado el fármaco, en una especie de apnea post-inhalación.

Aunque eso sí, añade, todas estas dificultades no suponen que no se puedan llegar a usar bien, “la clave está en la formación y encontrar el inhalador más apropiado para cada persona”. Eso sí, como coincide con sus colegas del trabajo estadounidense, en el caso de ancianos y niños los especialistas deben poner quizás una dosis extra de paciencia y formación para que puedan alcanzar un uso óptimo y, sobre todo, valorar el uso de cámaras (un sistema a modo de mascarilla que facilita su uso en estas poblaciones).

En niños
En el caso de los niños, explica el doctor Javier Pellegrini, vicepresidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP), estos dispositivos son esenciales si se tiene en cuenta que el asma es la enfermedad crónica más frecuente en la infancia.

“Ya puedes diagnosticar bien la enfermedad, establecer el tratamiento y la dosis, que si el niño no sabe inhalar no estás haciendo nada”, explica a EL MUNDO el responsable del grupo de trabajo de Asma y Alergias de la AEPAP. Por eso, insiste en que los profesionales deben saber usar correctamente estos dispositivos y enseñar su uso a los pacientes: “ningún niño debe salir de la consulta sin saber usarlo, y si el propio médico no lo sabe usar difícilmente lo va a poder enseñar”.

En el caso de los niños es importante usar dispositivos adecuados a cada edad, para asegurarse de que la dosis del fármaco llega correctamente a su sistema respiratorio. Así, por ejemplo, en el caso de los más pequeños, el tratamiento se realiza con unas cámaras con mascarilla (en la que el medicamento queda flotando en suspensión), de manera que el niño sólo tiene que respirar normalmente.

A partir de los tres o cuatro años (“un poco antes las niñas que los niños”, explica el pediatra), ya se puede sustituir la mascarilla por una boquilla, que el propio niño puede ajustar fácilmente a sus labios. “Yo siempre recomiendo que se use primero con los hermanos mayores o incluso con los padres, para que ellos quieran después hacerlo y no le cojan miedo”.

A partir de los seis años, los niños ya están preparados para usar los sistemas de polvo seco; una especie de cilindros con boquilla (denominados turbohaler) que el niño debe atraer hacia sus pulmones con fuerza. “Estos son muy útiles, salvo en caso de una crisis asmática, porque entonces el pequeño no tiene la fuerza suficiente para inspirar”.

Sólo a partir de los 9-11 años, los niños con asma ya están preparados para usar los inhaladores del tipo ventolín, que disparan el medicamento a los bronquios (“a una velocidad de 100 km/h”). El problema, como subraya el doctor Pellegrini, es que estos dispositivos requieren una gran coordinación entre el disparo y la respiración para que el paciente inhale correctamente la medicación.

“Si tenemos en cuenta que el 10% de los niños padecen asma, la inhalación es muy importante”, explica el pediatra de Atención Primaria. Aunque, como él mismo indica, al final, todos los niños consiguen aprender, y sólo en casos muy puntuales (“en pequeños con ciertas alteraciones o con parálisis cerebreb”) hay que recurrir a nebulizadores portátiles con mascarilla como alternativa a los inhaladores.

Autora: María Valerio Sainz

Vía: elmundo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Última actualización del Web: 2/05/2017 Aviso legal - Política de privacidad - Política de cookies.

Uso de cookies

Esta página Web utiliza Cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias, mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información visitando nuestra política de cookies.

¿Es usted profesional sanitario?

Esta información está dirigida exclusivamente a los profesionales sanitarios facultados para prescribir o dispensar medicamentos y que, por lo tanto, es necesaria una formación especializada para su correcta interpretación.
¿es usted profesional sanitario?